Cultura yucateca

El origen de las bombas yucatecas y por qué siguen vivas

De dónde vienen las bombas yucatecas: raíces en la copla española, el son de la jarana, la vaquería henequenera y por qué esta tradición oral no se ha muerto.

Baile de jarana en Yucatán
Baile de jarana en Yucatán · Foto: Vida en Yucatán

La bomba yucateca no se inventó de la nada. Es el cruce de tres cosas: la copla que trajeron los españoles, el ritmo de la jarana y la fiesta de la hacienda henequenera. Así se explica que siga viva.

Si quieres primero ver ejemplos, están en bombas yucatecas: una selección. Aquí vamos al por qué.

La raíz española: la copla

La estructura de la bomba —cuatro versos octosílabos con rima en el segundo y el cuarto— es la copla o cuarteta de la poesía popular española, la misma que está en las jotas, en las seguidillas y en el corrido mexicano. Los colonos la trajeron en el siglo XVI y aquí se quedó, como se quedó en toda Hispanoamérica.

El ingrediente maya

Lo que hace yucateca a la bomba no es la forma, es el contenido y la voz:

  • Palabras en maya yucateco intercaladas (nojoch, box, ma’alob).
  • Nombres de pueblos como remate (Tekit, Maní, Muna, Oxkutzcab).
  • El humor indirecto, el albur suave, la burla sin herir: una forma de decir cosas fuertes de manera socialmente aceptable, muy propia de la comunidad rural.
Fiesta tradicional en un pueblo de Yucatán
Fiesta tradicional en un pueblo de Yucatán

El escenario: la jarana y la vaquería

La bomba vive dentro de un baile: la jarana, música de origen colonial en compás de 3/4 o 6/8, tocada por una orquesta de metales y percusión. Se baila “zapateado”, con la espalda muy recta y a veces con una charola o una botella en la cabeza.

La vaquería era la fiesta que se hacía en las haciendas henequeneras cuando se marcaba el ganado, con permiso del patrón. Reunía a los peones mayas y a sus familias; ahí la bomba servía para cortejar, para picar al vecino y para meter una crítica que de otra forma no se podía decir. Cuando cayó el henequén, la vaquería se mudó a los pueblos y a las plazas de las ciudades, y ahí sigue: la vaquería del lunes frente al Palacio Municipal de Mérida es su versión urbana.

Por qué no se ha muerto

Tres razones:

  1. Es participativa. Cualquiera puede gritar una bomba; no hace falta ser artista. Eso la mantiene en manos de la gente, no de un archivo.
  2. Se adapta. Hoy hay bombas sobre el tráfico, el aire acondicionado, los políticos y los influencers. La forma es de 1550; el tema es de esta semana.
  3. La institucionalizaron sin matarla. Está en la Serenata de Santa Lucía, en el Carnaval —carnaval en Mérida—, en la escuela y en los concursos municipales, pero también sigue improvisándose en las fiestas patronales sin guion.

La bomba es, en el fondo, una lección: una tradición sobrevive cuando la gente la usa, no cuando la guarda. Sigue con las tradiciones de Yucatán mes por mes.

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